¿Españoles hablando con acento argentino?

October 2, 2008

Me ha llamado mucho la atención una reciente encuesta realizada en España.  Según la empresa Spinvox, especializada en la conversión de mensajes de voz a texto para su uso en redes telefónicas, al 57 por ciento de los españoles le gustaría hablar con acento argentino. Si bien la mayoría de los consultados dijo estar “feliz” con su manera de hablar, en el caso de cambiar, más de la mitad afirmó que se inclinaría por el deje argentino.

En segundo lugar, un 16 por ciento de dicha población preferiría el mexicano, mientras que los acentos venezolano y colombiano, con un 10 y un 8 por ciento, respectivamente, son las otras preferencias de los españoles, si tuvieran la oportunidad de cambiar su acento al hablar.

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En mi afán de vincular ésta cuestión con el tema del Doblaje, el resultado de la encuesta me resulta muy curioso teniendo en cuenta que en España -en general- no son afectos a escuchar otros idiomas y acentos en el cine y la televisión. Ni siquiera sus propios acentos regionales.

Todos saben que las voces del doblaje en España son absolutamente neutras, pulcras, pulidas, susurrantes, sin los más mínimos atisbos de tonadas regionales.

En una charla reciente con la actriz española Assumpta Serna, ella se lamentaba al contarme que algunos acentos regionales tan característicos como el andaluz, sólo suenan en el cine y la tv de España para definir o representar a algún personaje gracioso o una situación chistosa.

Clásicos del cine, viejas series de TV, hasta los dibujos de Disney, han perdido hace muchos años sus voces latinoamericanas para ser suplantadas por redoblajes con acento español.

Sin ir tan lejos, el año pasado se generó una controversia acerca de si se debía o no doblar al español de España la película mexicana Km.31 del director Rigoberto Castañeda. Finalmente se estrenó en versión españolizada para que se entienda mejor.  En el blog de Mexicanos en España, Alfredo Rodriguez Brondo opina que esto “no hace más que menospreciar la inteligencia del espectador y alentar la flojera mental de un sector mayoritario del público que aplaude el no querer poner a trabajar su cerebro sólo un poquito mientras ve una película”.

Otro dato interesante es el que aporta Hernán Casciari en su blog: “De cada cien películas que emite la Televisió de Catalunya, sólo cuatro son hispanoamericanas. Y en algunos casos… ¡las doblan al catalán!”

Según él, “saben, por ejemplo, que no tendría sentido doblar una película mexicana —o argentina o española o chilena— al catalán, porque todo su pueblo comprende el otro idioma, pero en el fondo les encantaría poder hacerlo. Se mueren de ganas de hacerlo. Pero no llegan a tanto. Entonces, de pura bronca, no emiten, o escatiman, el cine de Hispanoamérica.”

Acerca de cómo hablamos

May 9, 2007

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  • El lenguaje, nos dicen los filósofos, es el espejo del espíritu. Aristóteles vio en él el elemento distintivo del ser humano. Descartes lo consideró la llave para acceder a la inteligencia humana y, por ende, a la existencia de Dios.
    Sergio Sarmiento. Director de informativos. México. En “La responsabilidad de los medios en el uso de la lengua”.

Viñeta de El Roto publicada en El País.

Apadrinando palabras en vías de extinción

April 10, 2007

Me resultó llamativa la propuesta de la Escuela de Escritores de Madrid que, en conjunto con la Escola d’Escriptura del Ateneo de Barcelona, convocan a que los internautas apadrinen palabras en vías de extinción para que las generaciones futuras puedan disfrutar de ellas.

No se me había ocurrido que por el simple hecho de apadrinar una palabra ésta puede seguir vivita y coleando. Al parecer los organizadores de esta campaña, intentan conservar aquellas acorraladas por la pobreza léxica —los que llaman cosa a todo—, el lenguaje políticamente correcto —los que les dicen no vidente a los ciegos—, o por los extranjerismos (los tilingos que, en lugar de liquidación hablan de sale).

Está claro que cualquier iniciativa para mejorar nuestro idioma es siempre bienvenida, pero no se puede pecar de ingenuo al pensar que sólo porque nos dediquemos a pescar palabras en desuso éstas se van a salvar. ¿Salvar de qué? Nuestro idioma vive en una permanente carrera evolutiva: las palabras también nacen, se reproducen y finalmente mueren. Desaparecen y dejan lugar a otras nuevas generaciones de términos.

Supongo que, apadrinando palabras con un buen envión publicitario, ayudaremos a que muchos conozcamos términos que usamos poco o nada. De hecho, en el campo del doblaje, y con el obligado uso del llamado castellano neutro, muchos directores de doblaje -diccionario en mano-  se desviven por usar la más variada terminología para definir una misma cosa que en diferentes lugares de latinoamérica se denomina de manera distinta.

Es probable que si se comenzara a apadrinar palabras desde la primera escolaridad, a la par de más campaña por la lectura, y la revalorización del uso correcto de la lengua, los términos no envejecerían tan pronto y convivirían con los más nuevos. Porque, que yo sepa, el vocabulario de una persona evoluciona y se hace más amplio y rico en función de su educación, cultura y aprendizaje en su sentido más amplio. No creo que las palabras se conserven en boca de la gente cuando, sencillamente, no las usan porque no las conocen o no las han leído o escuchado en su vida.

 

Aquí hay otras perspectivas acerca de lo mismo:

Dejen a las palabras en paz.

Apadrinar palabras.

La lengua inglesa nunca será destronada.

Mi nombre es Bond, James Bond.

April 4, 2007

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Todos conocen ese chiste en el que el agente 007 se presenta con su conocida frase: Mi nombre es Bond, James Bond, y el gallego le responde: Y yo soy Nolo, Manolo. El resultado es gracioso en virtud de la situación extravagante y la popularidad de la frase cinematográfica. Sin embargo, tal y como se explica en el blog de traducción Switch Off And Let’s Go, la famosa frase es el resultado de una traducción para doblaje poco feliz.

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Traducciones de títulos a la carta

March 13, 2007

Estuve leyendo un artículo titulado Doblajes y Traducciones en el Cine. Titulá como quieras y se me ocurrió escribirle a Juliana Rodríguez, la autora, para hacerle algunos comentarios.

con-la-muerte-en-los-talones.jpgJuliana se pregunta “quién no salió del cine alguna vez blasfemando a los cuatro vientos y con ganas de ajusticiar a quien traduce los títulos de las películas…” En mi caso, -le comenté- yo no conozco a nadie. Incluso, tampoco escuché jamás a ningún crítico manifestar su espanto por las traducciones de los títulos de películas en japonés, chino, ruso e incluso francés, lo que demuestra que no es lo mismo chapurrear el inglés que saber idiomas.

Resulta divertido comparar los insólitos títulos de las traducciones del inglés, pero la pregunta acerca de quién traduce los títulos está definitivamente respondida por Juliana en su artículo y no hay que darle más vueltas. Se trata de los distribuidores. En definitiva, los dueños de la película, y no los traductores. Los distribuidores manejan su propia “lógica” del mercado.

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