Me ha llamado mucho la atención una reciente encuesta realizada en España. Según la empresa Spinvox, especializada en la conversión de mensajes de voz a texto para su uso en redes telefónicas, al 57 por ciento de los españoles le gustaría hablar con acento argentino. Si bien la mayoría de los consultados dijo estar “feliz” con su manera de hablar, en el caso de cambiar, más de la mitad afirmó que se inclinaría por el deje argentino.
En segundo lugar, un 16 por ciento de dicha población preferiría el mexicano, mientras que los acentos venezolano y colombiano, con un 10 y un 8 por ciento, respectivamente, son las otras preferencias de los españoles, si tuvieran la oportunidad de cambiar su acento al hablar.

En mi afán de vincular ésta cuestión con el tema del Doblaje, el resultado de la encuesta me resulta muy curioso teniendo en cuenta que en España -en general- no son afectos a escuchar otros idiomas y acentos en el cine y la televisión. Ni siquiera sus propios acentos regionales.
Todos saben que las voces del doblaje en España son absolutamente neutras, pulcras, pulidas, susurrantes, sin los más mínimos atisbos de tonadas regionales.
En una charla reciente con la actriz española Assumpta Serna, ella se lamentaba al contarme que algunos acentos regionales tan característicos como el andaluz, sólo suenan en el cine y la tv de España para definir o representar a algún personaje gracioso o una situación chistosa.
Clásicos del cine, viejas series de TV, hasta los dibujos de Disney, han perdido hace muchos años sus voces latinoamericanas para ser suplantadas por redoblajes con acento español.
Sin ir tan lejos, el año pasado se generó una controversia acerca de si se debía o no doblar al español de España la película mexicana Km.31 del director Rigoberto Castañeda. Finalmente se estrenó en versión españolizada para que se entienda mejor. En el blog de Mexicanos en España, Alfredo Rodriguez Brondo opina que esto “no hace más que menospreciar la inteligencia del espectador y alentar la flojera mental de un sector mayoritario del público que aplaude el no querer poner a trabajar su cerebro sólo un poquito mientras ve una película”.
Otro dato interesante es el que aporta Hernán Casciari en su blog: “De cada cien películas que emite la Televisió de Catalunya, sólo cuatro son hispanoamericanas. Y en algunos casos… ¡las doblan al catalán!”
Según él, “saben, por ejemplo, que no tendría sentido doblar una película mexicana —o argentina o española o chilena— al catalán, porque todo su pueblo comprende el otro idioma, pero en el fondo les encantaría poder hacerlo. Se mueren de ganas de hacerlo. Pero no llegan a tanto. Entonces, de pura bronca, no emiten, o escatiman, el cine de Hispanoamérica.”